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A lo largo de estos 800 años la Orden ha pasado por momentos de gran apogeo y también por periodos de crisis, en los cuales estuvo a punto de desaparecer. Los Trinitarios se escindieron en dos ramas, la calzada y la descalza, que convivieron durante largos periodos, como demuestran las fundaciones existentes en nuestra ciudad.

Llegaron por primera vez a Salamanca hacia el año 1330, ocupando la Iglesia de la Santísima Trinidad del Arrabal, pero por poco tiempo, ya que a finales del siglo XIV o comienzos del XV les fue donada, por el Obispo Diego de Anaya y el Cabildo, la Iglesia de San Juan Anaya. Este templo estaba situado cerca del río Tormes, a las afueras del Puente de San Pablo (lo que hoy viene a ser la zona entre el colegio de las Jesuitinas y el Paseo Fluvial). 

En 1490 un desbordamiento del río Tormes causó grandes destrozos en la Iglesia y convento, viéndose los religiosos obligados a reconstruir los edificios gracias a las donaciones del Deán Álvaro Paz. En 1591 los Hermanos de la Casa de la Trinidad compraron la casa de los señores de Montellano, situada en al calle Concejo de Abajo (hoy calle Zamora, 18) donde edificaron el nuevo convento, cuya Iglesia se acabó de construir en el siglo XVII. En su fachada principal se puede ver representada la Trinidad y a ambos lados los fundadores de la Orden: San Juan de Mata y San Félix de Valois. Los Trinitarios calzados permanecieron en nuestra ciudad hasta el año 1835, en que fueron desposeídos de sus bienes y expulsados de España a causa de la desamortización de Mendizábal.
 
La fundación del Convento de los Trinitarios descalzos fue iniciada por San Juan Bautista de la Concepción, Reformador de la Orden. Entre los años 1605 y 1609 ocuparon distintas casas, como la situada en la plaza de San Juan de Álcazar y la calle Serrano, esta última propiedad de los PP. Agustinos. En 1609 les fue cedida por el Obispo Luis Fernández de Córdoba, la Parroquia de San Miguel, situada extramuros de la ciudad, donde permanecieron hasta 1626, año en que un nuevo desbordamiento del río devastó totalmente la Casa Convento. En 1628 se establecieron de forma definitiva en la Plazuela de San Adrián, hoy Plaza de Colón, en el convento e Iglesia que ocupa actualmente la Parroquia de San Pablo, que se acabó de construir en 1667. Al igual que los Trinitarios calzados, tuvieron que abandonar nuestra ciudad por la desamortización de Mendizábal.

 
En 1945 los Trinitarios regresan a nuestra ciudad, tras un siglo de ausencia, y lo hacen fundando una Casa-Convento en la calle Padre Manjón, lugar que ahora ocupa la Capilla Trinitaria.
En los años sesenta los responsables de la Provincia de la Inmaculada decidieron fundar un nuevo convento en el que sus futuros religiosos pudieran cursar los estudios superiores de Filosofía y Teología. En 1963 se vio cumplido este deseo con la inauguración del actual Colegio Mayor y dos años después este Colegio dio acogida a los restos de su fundador, San Juan de Mata.
 
 
 

En 1967 se ponen en funcionamiento el actual centro educativo para dar respuesta a las necesidades del barrio de San Bernardo, que se caracterizaba por un fuerte movimiento migratorio, alta densidad de población, bajo poder adquisitivo y gran carencia de puestos escolares.

 

Nuestro Centro siempre ha estado abierto al entorno social del barrio, ha compartido sus aulas con la Educación de Adultos y ha colaborado de forma permanente con la Universidad Civil y Pontificia y otras Instituciones locales. En sus aulas han nacido grupos de teatro, concursos regionales de literatura, semanas musicales…  
 
 
 
 

Una nueva Iglesia

En 1998 coincidiendo con la celebración del VIII centenario de la fundación de la Orden se construyó la actual Iglesia Parroquial, con el deseo de dar respuesta cumplida a un anhelo sentido por toda la Orden Trinitaria: que los restos mortales de San Juan de Mata reposaran en un mausoleo digno de su condición de Fundador. La nueva edificación rompe con la tradición clásica de las iglesias salmantinas. Es un edificio modernista, en forma de cubo y con un muro lateral ciego, que hace fachada con cinco hileras de cruces griegas superpuestas e inclinadas al espectador, que se elevan hacia el cielo en forma de escorzo creciente y que recuerdan la simbología de la Orden Trinitaria.
 
En su interior destacan su ábside, en forma de triángulo equilátero por el que penetra la luz a través de unas estrechas y verticales troneras y el techo que es un hexágono inscrito. En el centro de la nave se encuentra el arca barroca con los restos del santo sobre un baldaquino situado en edículo en forma de tolva, por donde penetra una luz de forma un tanto misteriosa que envuelve a la urna. También dispone de una capilla dedicada a la Trinidad para el culto diario, con una zona reservada al sacramento de la Penitencia y un baptisterio semicircular.     

   

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San Juan de Mata

Posted by Administracion in San Juan de Mata | Trinitarios

Juan de Mata nace hacia 1154 en la villa de Foucon, en Provenza, a la falda de Los Alpes (Francia), región bañada por el Mediterráneo. El rasgo religioso más acentuado de esta región era su devoción a la Trinidad. Compartía también las inquietudes de Europa, que en ese momento eran las cruzadas y la piratería. La Cristiandad estaba enfrentada con el Islam y en las batallas caían muchos cristianos cautivos, a los que se mataba, se cargaba de cadenas metidos en mazmorras, se sometía a duros trabajos o se les obligaba a cambiar de religión.
La piratería dominaba el Mediterráneo y las costas de Provenza eran uno de los lugares más castigados. Juan presenció desde niño escenas de cautiverio y gran cantidad de marginados: esclavos, pobre, enfermos… Escuchó los gritos de los pequeños frente a los abusos de los grandes. Todo ello en el puerto de Marsella, donde realizó sus estudios secundarios.

Ya joven, acude a París para realizar sus estudios superiores. Frecuentó la Escuela Catedralicia y alcanzó el título máximo de “Maestro en Teología” dedicando varios años a la enseñanza de esta esta materia. Pero la vida académica no le dejaba satisfecho y desde hacía tiempo deseaba ingresar en alguna orden religiosa. Pero… ¿en cuál? El obispo de París, Mauricio de Sully, le animaba a que se ordenase sacerdote y Juan oraba constantemente al Señor para que le mostrase la familia religiosa a la que debía pertenecer.

Después de un tiempo de largas meditaciones, Juan se decide y es ordenado sacerdote. Días más tarde, el 28 de enero de 1193, celebra su primera misa en presencia del obispo de París y de algunos de sus maestros. Imprevisiblemente, durante la celebración Juan recibe una revelación: aparece Cristo cogiendo en sus manos dos cautivos, uno blanco y otro negro. Dios le manifestó así su vocación personal: fundar una Orden religiosa cuya dedicación fundamental habría de ser la redención de cautivos cristianos. Juan siente que ha de ser una Orden de hermanos religiosos, consagrados a Dios Trinidad y a la redención de cautivos, no viviendo en clausura, sino libres para poder acudir a los lejanos lugares de África donde se encontraban los cristianos cautivos y, así, poder rescatarlos.
 
Pero nada que sea grande se realiza sin reflexionar, ni consejo. Así pues, Juan se retira al bosque de Cerfroid (Ciervo Frío) –unos 60 Km. de París. Allí se encuentra con el ermitaño Félix de Valois a quien cuenta su proyecto y al que se une decididamente. Los dos oran y meditan largamente, preparándose para la obras de la redención. Juan formó pronto tres comunidades de religiosos, y los proveyó de una Regla escrita por él mismo donde fija el espíritu y las líneas maestras de la nueva Orden.
 
En 1197, Juan y Félix se ponen en camino hacia Roma. No era suficiente la aprobación del obispo de París, Juan quería la del Papa. Pero éste los manda de regreso a casa para que después de un tiempo vuelvan a él con cartas del obispo de París y del Abad de San Víctor proporcionándole más información sobre tan importante caso. Y así, en el segundo viaje, el Papa Inocencio III aprueba la Orden el 17 de diciembre de 1198, con el título “De la Santísima Trinidad y Redención de Cautivos.

Aprobada la Orden, Juan puso manos a la obra inmediatamente y en 1199 viaja de nuevo a Roma y el Papa le entrega una carta de recomendación para el Rey Miramamolín de Marruecos, informándole de la obra recién comenzada. La primera redención fue dirigida por el propio San Juan de Mata; la expedición llamó poderosamente la atención y, a juzgar por su fundaciones, tuvo gran éxito.

Rápidamente se va ampliando la Familia Trinitaria con hermanos/as, monjas y seglares. Entre comunidades, hospitales e iglesias Juan había creado 41 fundaciones, labor extraordinaria si tenemos en cuenta que la realizó en el corto espacio de 10 años. Entre 1198 y 1789 los Trinitarios rescataron más de 600.000 cautivos, con expediciones organizadas desde Inglaterra, Escocia, Irlanda, Palestina, Alemania, Italia, España, Portugal, Francia…

Juan muere en la casa de Santo Tomás in Formis, Roma, el 17 de diciembre de 1213, dejando en la Iglesia una obra floreciente. Sus restos se encuentran en Salamanca, en la iglesia parroquial que lleva su nombre.

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